Siempre quedan restos en la piel, que al mínimo roce te lastiman y generan etapas de cambio que pueden ser inexplicables hasta que te acostumbrás a la falta de ese escudo que te protegía, y por ende te acostumbrás a las fallas de la gente.
Pero no es solo una armadura que se deshizo, sino que también es otro paso más que diste pisando firme sobre el cemento. Aun que sientas que volás, y que nada te atrae en la tierra. Avanzás, surcando un camino lleno de expectativas y quizás de promesas a punto de romperse.
Estar envuelta en mentiras no lleva a dejar de ser vulnerable al mundo, aunque la falsa tranquilidad dure a penas un instante.
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