15/06/2011

Sus días.

Una musiquita me sube por el cuello y me acaricia los oídos y espero ansiosa estar en ése sillón acompañada de un aroma tan propio que me hace viajar en el tiempo... 
Al llegar  lo primero que hago es buscar  el control remoto que se esconde en la cima del aparador, es en el único lugar que miro televisión porque en casa jamás le doy importancia. 
En un costado de la sala está ese viejo piano que ,yo sé, ella jamás lo abandonaría, por más desafinado q estuviera, incluso si le hablás de mudarse en lo primero que piensa es como trasladarlo.
Aunque falta una presencia física,  ése olorcito a maicena con el que siempre me recibía, y ése abrazo calentito. Siempre me faltará...
Reposeras rellenas de aire bajo las parras en el patio de atrás que hacen sombra en ése montón de cachivaches de colección, que funcionan como un motor para El Gringo.
Es inevitable pasar derecho hasta el cuarto donde está  hornito de barro y quedarme un rato mirando las bicicletas colgadas en el techo y recordar cuando paseaba por la plaza  al rededor del mástil (en el que jamás le vi una bandera), ésa sensación  de sentirme grande solamente porque me dejaban andar sola y no había de qué preocuparse, es invaluable.
Ésos días que, por más q quisiera, no volverán nunca a ser como cuando estaba ella, mientras amasaba o me miraba por la ventana detrás de la persiana con esos ojitos arrugados y cansados.
Tenerlos cerca haría que mis días estén un poquito mas completos, pero no se si quiero despedirme de ésos lugares q me llenaron siempre...
Supongo q su presencia trasladaría todo eso, de todas formas... Cargo mi analógica con su primer rollo y me dispongo a recibir todo lo que ésos días estan guardando para mi.